miércoles, 20 de marzo de 2013

Anthony Quinn


Ningún actor latino ha llegado tan alto en Hollywood como lo ha hecho Anthony Quinn. Nacido en Méjico, aunque con padre irlandés, aun siendo muy joven Anthony emigra a los EEUU huyendo de la pobreza. La familia lucha por un futuro mejor en suelo norteamericano y en sueño de un futuro mejor se va labrando a base de un gran esfuerzo, así durante la niñez y adolescencia de Anthony lo vemos trabajar de limpiabotas, mozo de recados, vendedor de periódicos, peón de obra e incluso gracias a sui potente físico como boxeador. Y así a base de esfuerzo y trabajo es como Anthony Quinn se va introduciendo en Hollywood, primero como retratista e imitador y más tarde ya cursando estudios, en donde dos mujeres tuvieron muchos que ver para forjar la leyenda del futuro Anthony Quinn, en primer lugar su primera esposa, muchos años mayor que el, la cual pulió su dicción y estilo y más tarde la consagrada actriz con fama de femme fatale Mae West, que apadrina al joven actor.

Sus primeros trabajos no van más allá del extra, pero su carisma y su característico físico pronto le reportan papeles secundarios. Tras un segundo matrimonio, con la hija del mítico director Cecil B. Demille, y el tragedia de la pérdida de un hijo en un desgraciado accidente, a Anthony Quinn le llega la hora de auparse de una vez por todas al estrellato. La década de los cincuenta apenas acababa de comenzar y tras haber participado en múltiples e importantes obras como secundario cada vez con más peso le toca participar en un cinta de Elia Kazan, acompañando ni más ni menos que a Marlon Brando, en un de los títulos míticos no solo de la filmografía de sus partícipes sino de cine en general, con ¡Viva Zapata! (1952), su carrera comienza despegarse, y todo gracias en gran medida a su primer Oscar, esta vez por mejor actor de reparto. 


El papel parece encasillarlo en un icono del western y la aventura y así su cara comienza a aparecer en cintas de piratas como “La isla de los corsarios” (1952) o en western como “Traición en Fort King” (1953), sin embargo el talento de Anthony no permite que se acomode y se embarca en un arriesgado proyecto de renacido cine europeo. Viaja a Roma para ponerse a las órdenes de Fellini, uno de los artífices del neorrealismo italiano. Como resultado surge “La strada” (1954) una verdadera obra maestra en donde Anthony luce como artista ambulante junto a una estupenda Giulietta Masina.


Su siguiente gran obra, por la que recibiría su segundo y definitivo Oscar a mejor actor de reparto, sería por su aparición en el biopic de Van Gogh ”El loco del pelo rojo” (1956) en donde acompañaría a un obsesionado Kirk Douglas, que interpretada al malogrado genio de la pintura, como compañero de vida y profesión dando vida al también genial pintor Gauguin.


Con un enorme éxito encima, Anthony Quinn dedica los años restantes de la década de los cincuenta a aparecer en una importante serie de western, que sin llegar a ser obras maestras del género muchos si están entre los más reconocidos y recordados para los amantes de este genuino género norteamericano, así Anthony Quinn engrosa su filmografía con títulos como “Un revolver solitario” (1956), “El hombre de las pistolas de oro”, “El pistolero de Cheyenne” o “El último tren a Gun Hill”, siendo estos tres últimos estrenados en 1959.


Los sesenta comenzaron con dos aportaciones en título emblemáticos para la historia del cine. El primero todo un clásico del cine bélico como “Los cañones de Navarone” (1961) y el segundo participando en el excelente elenco de una de las mayores superproducciones de la historia, aportando su granito de arena en la épica “Lawrence de Arabia” (1962).


Sin embargo su papel clave en esta década y por el que está de nievo nominado a los Oscar, esta vez com mejor actor principal en el de “Zorba el griego” (1964), en donde nos deleita, amén de un impecable interpretación, con uno de los bailes más famosos de la historia del cine de mano de la música de Theodorakis.


La década de los sesenta también le vale Anthony Quinn para internacionalizar su cine. Vuelve a Italia tras su experiencia con Fellini y haber sido Barrabás y participado el le épica Ulises para participar den diversos peeplum, además rueda en el Reino Unido y el Francia, sin embargo su obra más reconocida de esta etapa tiene lugar en su regreso a Hollywood con un thriller ambientado en los oscuros pasillos del Vaticano de nombre "Las sandalias del pescador".


Las últimas décadas de Quinn en el cine siguen por los mismos derroteros que toda su carrera, incansable trabajador, ampliando su filmografía a pasos extraordinariamente amplios para su ya creciente edad, rueda en diversos países, y gestiona perfectamente sus papales de secundario en grandes producciones (“Jesús de Nazareth” [1977]) con elegidos papeles como protagonista como en “Mahoma, mensajero de Dios” (1977), "Los hijos de Sánchez” (1978), en su regreso al western o una de sus obras más aclamadas de su última etapa en “El león del desierto” (1981).


Esta última etapa en su obra y vida sirve además para ver rodar a Anthony Quinn en su lengua natal, así participa por primera vez en una película española en “Valentina” (1981), primera de las partes de la trilogía que adapta al cine Cronica del Alba por parte de Ramón J. Sender. Siendo este el primero de cuatro trabajos a los largo de esta última etapa en España, que precisamente finalizará casi veinte años más tarde con su participación en al miniserie “El camino de Santiago”, última aparición en la gran pantalla y broche de oro para una carrera plagada de éxitos.


Pese a su edad, Anthony Quinn puede seguir jactándose de ir apareciendo en mayor o menor medida en importantes cintas de directores de éxito de los noventa, así se lo ve a las órdenes de Spike Lee en “Fiebresalvaje” (1991) o en apariciones en cintas relevantes como “El último granhéroe” (1993) a más gloria de Arnold Schwarzenegger o en el drama romántico que además supone el fugaz debut en Norteamérica de Aitana Sánchez Gijón “Un paseo por la nubes” (1995), una cinta de gran notoriedad en su época que quizá no ha sabido envejecer bien. Todo ello no da sino muestra de lo que supone la carrera de Anthony Quinn, labrada gracias a varias décadas de incesante trabajo de lo que se supone a día de hoy el actor más grande que ha dado hispanoamérica en la meca del cine.


miércoles, 13 de marzo de 2013

Escenas míticas V


Otra entrega más de escenas imborrables y que la gran mayoría identificamos como las más memorables e imperecederas de la histora del cine

“Una noche le la ópera” (1935) – Una de las más disparatadas comedias de los hermanos Marx será sin duda recordada por este hilarante y surrealista dialogo con el que Groucho Marx deleita al espectador de la misma forma que desconcierta a sus coprotagonistas


“Casablanca” (1942) – Una de la películas más mediáticas de la historia. Está repleta de momentos y escenas imborrables en el subconsciente del colectivo cinéfilo. Quien no se acuerda del bar del atormentado Rick y de su famoso pianista Sam…


“El séptimo sello” (1957) – La partida de ajedrez más relevante del la historia del cine se dirime entre un apesadumbrado cruzado y la mismísima muerte en una metafísica batalla por la vida del primero. Escena principal de uno de los máximos exponentes del cine de Bergman


“El planeta de los simios” (1968)Charlton Heston ha de reconocer la dolorosa verdad sobre su viaje a un extraño planeta en una inolvidables escena de una de las obras cumbres de la ciencia ficción, origen de una saga y objeto de diversos remakes y revisiones.
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“El resplandor” (1980) – El talento de Kubrick y en guión de Stephen King tiene por meta una de las mejores adaptaciones al cine del genio literario del terror. La escena de más tensión desvela a un Jack Nicholson totalmente fuera de sus casillas.


“Cuando Harry encontró a Sally” (1989) – Una joven Meg Ryan, reina de las comedias románticas por aquel entonces, sorprende con una curiosa imitación a toda una cafetería.


“El cabo del miedo” (1991) – Un excelentemente sobreactuado De Niro atormenta la existencia de un pacífico abogado que años atrás lo había privado de su libertad es este remake por parte de Scorsese del clásico de J. Lee Thomson.


“El silencio de los corderos” (1991) – Hannibal Lecter, un excelente Anthony Hopkins (papel por el que logra el Oscar), uno de los asesinos en serie más famosos de la historia del cine tiene sus más y sus menos con Clarise, la joven psicóloga del FBI que atiende su caso.


“Braveheart” (1995) – Las cintas bélicas e históricas muchas veces recurren al discurso patriótico a fin de exaltar y enardecer los ánimos de exhaustas y desmoralizadas tropas. Una de los más famosos es la arenga de William Wallace a sus hombre en su encarnizada lucha por la libertad de Escocia.


“Star Wars –  La venganza de los Sith” (2005) – Momento impagable por el que la trilogía precuela de star wars tiene su razón de ser. La aparición para el cine de Darth Vader y el adiós de Anakin Skywalker.


martes, 12 de marzo de 2013

Victor Fleming


Quizá no se uno de los nombres más recordados de la historia del cine, comienza su carrera relativamente tarde y tiene la desgracia de caer víctima de un fulminante infarto en lo más alto de su carrera lo que reduce notablemente su número de obras,  pero lo que si es innegable es que de su factoría han salido muchas de las películas capitales del séptimo arte. La carrera de Victor Fleming al igual que otros muchos directores parte de la época del cine mudo, esa época en la que el cine todavía en pañales se afrontaba de otra manera y el concepto de director no era el mismo que actualmente, de hecho en esta época Fleming ofrecía su servicios a grandes producciones como escenógrafo o camarógrafo tras entrar en el mundo del cine de forma más que anecdótica, ya que por aquel entonces era chofer.

Su primera obra en solitario llega con los últimos estertores del cine mudo y recibe como título “El destino de la carne” (1927) y deja para la posteridad el Oscar a Emil Jannigs, el primero a una interpretación masculina. Los siguientes años los dedica a seguir trabajando y a labrarse una carrera cinematográfica duradera. De esta temprana época destacan trabajos con Gary Cooper como “El virginiano” (1929) o “Tierra de pasión” (1932) con Clark Gable, galanes ya muy reconocidos en la época.


Su primer gran trabajo llega con una de las primeras adaptaciones de la famosa novela de Stevenson “La isla del tesoro” (1934) junto a la joven promesa Jackie Cooper. El éxito fue abrumador y para su siguiente obra también se hace acompañar de Freddie Bartholomew, otro niño prodigio, para una historia de marineros de alta mar que hará historia. Se trata de la preciosa fábula sobre los valores de la vida de nombre “Capitanes intrépidos” (1937).


Con el final de los años treinta coincide su entrada en el olimpo de Hollywood, primero sustituyendo a un George Cukor inmiscuido en una serie de problemas con productores y elenco (las malas lenguas hablan de una conducta homófoba por parte de Clark Gable) de la mítica “Lo que le viento se llevó” y segundo con otra de las obras emblemáticas de la historia del cine. Una fábula de fantasía que trasporta a Judy Garland desde su Kansas natal al fantástico mundo de Oz en la versión más aclamada y reconocida de “El mago de Oz” (1939).


Con otra obra de Stevenson “El extraño caso del Dr. Jekyll ” (1941) con la que se reúne de nuevo con Spencer Tracy como en “Capitanes intrépidos” inicia la década de los cuarenta con el mismo éxito que su predecesora.


Esta década viene marcada con sus colaboraciones con Spencer Tracy, repitiéndose en binomio hasta en dos ocasiones más, aunque sin la misma suerte que en anteriores colaboraciones. Los títulos en cuestión son “La vida es así” (1942) y “Dos en el cielo” (1943).


Su última gran aportación al cine fue en forma de película histórica. Un revisión del mito de Juana de Arco con Ingrid Bergman como protagonista, hasta que en 1949 llega el fatal desenlace para Victor Fleming. Un fulminante infarto deja en el tintero varios interesantes proyectos, entre los que se encontraba curiosamente “La soga”, que posteriormente adapta Hitchcock a la gran pantalla, y se culmina así una breve pero intensa e importante colaboración de Victor Fleming con el mundo del cine.

lunes, 11 de marzo de 2013

Buceando por la red: "Lo mejor de 2012"

Desde la lejanía que da el mes de marzo y ya con el 2012 bien atrás encuentro por la red este video resumen de lo mejor de año cinematográficamente hablando. Lo dejo a modo de recomendación para todo aquel cinefilo al que se le pueda haber pasado por alto alguna de las joyas que el pasado año nos legó el mundo del cine.



viernes, 8 de marzo de 2013

Steven Spielberg




Si hablamos de los directores más influyentes en el mundo del cine de las últimas décadas es obligado aludir a Steven Spielberg. El apodado rey midas de Hollywood, es el encargado en embarcarse en grandes producciones aptas para todos tipo de públicos desde dramas bélicos, aventuras para toda la familia, comedias o adaptaciones del cómic. Lo que si está claro es que todo proyecto en el que se embarca Spielberg tiene una gran trascendencia mundial siendo todo un fenómeno de masas, en donde muchas de sus películas han estado batiendo registros de recaudación y a la vez engrosando la cada vez más pobladas arcas del bien llamado rey midas del cine.

El caldo de cultivo del joven Spielberg fue la televisión de los sesenta, esa televisión ya arraigada y que le permite contribuir con sus primero trabajos, en donde el genio comienza a labrar su exitosa carrera. De estos primeros años destacan sobre todo sus colaboraciones en series televisivas. Su primer corto, “Amblin” (1968), le sirve a parte de seguir indagando en el mundo de la dirección para tomar el nombre de lo que será su actual productora. Su primer gran trabajo fue un telefilme televisivo de bajo presupuesto, “El diablo sobre ruedas” (1971) todo un clásico de persecuciones que sin embargo ha sabido envejecer muy bien hasta el punto que a día de hoy es considerada por muchos incluso una película de culto.


Su gran espaldarazo llega en 1975 con “Tiburón”. Un enorme escualo que atemoriza a unos incautos bañistas que con un impresionante banda sonora de su eterno colaborador John Williams supone la pérdida definitiva del anonimato de este joven y prometedor director. Sin duda Steven Spielberg había entrado en Hollywood por la puerta grande.


La década de los setenta los cierra con una cinta de culto dentro de los seguidores de la ciencia ficción, producida y escrita por el mismo como “Encuentros en la tercera fase” (1977) y su primer contacto con la II guerra mundial, aunque sea en tono cómico, con “1941” (1979), toda un sátira en torno a la entrada de los Estados Unidos en el gran conflicto bélico.


Los años ochenta se abre con el fenómeno Indiana Jones, pues en 1981 se iniciaba la aventura del arqueólogo más famoso de toda la  historia del cine. De todos son sabidas las aventuras de Indi encarnado por Harrison Ford, en una de las trilogías más famosas de todos los tiempos, cerrada en los ochenta, y que recientemente ha decidido desempolvar con una cuarta parte (y una quinta para 2015), de un ya achacoso Indi, que debe ayudarse de su vástago para seguir en la cresta de la ola con sus múltiples aventuras, y que sin embargo, pese a ser un revés para el mito, a penas consigue empañar la esencia de la trilogía original, adorada por múltiples adeptos y todo una acontecimiento social desde la época de su estreno.


El otro fenómeno de los ochenta fue un adorable extraterrestre que responde al nombre de “ET” (1982). Toda un generación de niños que creció con la celebre frase de “teléfono…mi casa” y que lloró cuando por fin el carismático ser consigue regresar a su planeta original y dejar desconsolados a su pobre tropa de amigos terrícolas, felices por su marcha pero triste por la pérdida de lo que para ellos era más que un compañero de juegos. A Spielberg le supone su definitiva consagración como uno de los grandes de Hollywood, y una nueva nominación a los Oscar.


Sin embargo su siguiente película no dejó de ser un batacazo para un Spielberg en lo más alto de su carrera. Una gran superproducción sobre el racismo y la esclavitud de la América sureña de las plantaciones de algodón del siglo pasado. Once fueron las nominaciones que no llegaron buen término en la gala de los Oscar de aquel año, inscribiendo en nombre de “El color púrpura” (1985) en la lista negrea de la gala como una de las grandes perdedoras de todos los tiempos. Muchos quizá la recuerden por esta anécdota sin embargo un visionado nos lleva a algo más que una superproducción fallida, nos lleva a un filme sobre personas, historias y relaciones que nos hace reflexionar sobre una oscura época de la historia.


Tras el fiasco entra en un perido de transición marcado por tres cintas muy diferentes entre si. Un revisión de la II guerra mundial con la recordada “El imperio del sol” (1987) con un jovencísimo Christian Bale, “Always” (1989) una conmovedora historia sobre pilotos de extinción de incendios y que sin duda será recordada por ser el último papel de un ángel radiante como Audrey Hepburn y “Hook” (1991) una libre adaptación del clásico de Peter Pan que pasa sin pena ni gloria por las pantallas.



Llegado este momento Spielberg necesita un nuevo empujón para enderezar su debilitada carrera y con un avance tecnológico prodigioso en la época resucita dinosaurios en la exitosa adaptación de best seller de Crichton “Parque jurásico” (1993) la película resulta un auténtico bombazo de taquilla y de lugar a dos secuelas, la segunda de ellas también dirigida por el propio Spielberg cuatro años más tarde, pero de este mismo año data también la que quizá sea a fecha de hoy so obra más aclamada, el excepcional relato narrado en un bello blanco y negro sobre la historia de Oskar Schindler, la auténtica alma benefactora de cientos de judíos que deben sus vidas a la actuación altruista de este hombre durante la II guerra mundial. La película se convierte en todo un clásico y arrasa en los premios Oscar alzándose con siete estatuíllas, de las cuales una a mejor película y otra a mejor dirección.


Como siguiendo un especie de ciclo, Spielberg se enfanga de nuevo con un historia sobre la esclavitud, en “Amistad” (1997), que narra los hechos del famoso motín de esclavos a bordo del barco “La amistad”, para volver a la palestra con otra historia sobre la segunda guerra mundial con “Salvar alsoldado Ryan” (1998), perfecto relato sobre el desembarco de Normandía que le otorga a día de hoy su segundo y definitivo Oscar como mejor director.


La nueva era viene marcada por su retorno a la ciencia ficción. Así inaugura milenio con una vieja aspiración del visionario Kubrick que por fin pude ser llevada a la gran pantalla gracias a los grandes avances tecnológicos. En “Inteligencia artificial” (2001), Spielberg retoma el eterno sueño futurista de la humanidad: crear vida artificial. Un mundo futurista que también refleja en su siguiente estrenos en “Minority report” (2002) nos enseña un Washington del futuro. Una megalópolis en donde para atrapar a los criminales ha de usarse la última tecnología psíquica. Y por último cierra esta especial trilogía con otra adaptación más de la famosa obra de H.G. Wells “La guerra de los mundos” (2005).



Entre ellas tiene tiempo para rodar un par de comedias basadas en hechos reales, que sin llegar a ser grandes obras dentro de su filmografía, tienen bastante buena acogida entre el gran público se trata de “Atrápame si puedes” (2002) donde un escurridizo timador como Leonardo Di Caprio ha de escaparse de un sabueso del FBI como Tom Hanks y “La Terminal” (2004), en donde Hanks repite papel protagonista como un “sin papeles” que por un error burocrático se ve obligado a vivir en un aeropuerto.


Tras ellas su obra vuelve a diversificarse. Relata los atentados terroristas que paralizaron al mundo durante la olimpiadas de Munich 72, adapta a cine sin reparar en gastos y de manera totalmente digitalizada a todo un mito del cómic como Tintin y vuelve con dos cintas históricas un bélica centrada en la primera guerra mundial con “Caballo de batalla” (2011) y el reciente biopic sobre la figura de “Lincoln” (2012).


Toda una carta de presentación para un director que lo ha ganado todo y que a la vista de sus nuevos proyectos ( a la ya mentada quinta parte del mito de Indiana Jones le sumamos una nueva historia futurista de ciencia ficción sobre robots) demuestra que a sus recién cumplidos 66 años aun le queda mucho cine y espectáculo que ofrecer.

martes, 5 de marzo de 2013

Va de western




Pese a que con el tiempo ha ido paulatinamente cayendo en el olvido a nadie se le escapa que el western o cine del oeste es el género por antonomasia del cine norteamericano. Lo que aquí conocemos por un de “indios y vaqueros” no deja de ser un exaltación patriótica de rudos hombres a la aventura y conquista de un inhóspito territorio en lo que hoy se da por conocer como la nación más importante del planeta. Una serie de precursores aventureros que gracias a su osadía y decisión ayudaron a conformar toda una nación. Concediéndole la importancia que tuvo y tiene en el cine rendimos un pequeño homenaje al género con una serie de películas imperdibles para todo neófito en el tema.

“La diligencia” (1939) – Primer gran éxito de John Ford en el género. A parte de darnos a conocer el monument valley como un excelente decorado natural de cine es la película con la que otro mito del cine como John Wayne consigue por fin la fama que lo perseguirá a lo largo de su larga carrera.


“Duelo al sol” (1946) de King Vidor – Dice la rumorología que este excepcional filme vio la luz gracias al empecinamiento del productor David O. Selznick por lucir a su recién estrenado novia Jennifer Jones. Contrario a lo que podamos pensar la película resulta uno de los mejores western jamás rodados. Con un interpretación soberbia por parte de la pareja protagonista. Todo un desgarrador relato de amor.


“Solo ante el peligro” (1952) de Fred Zinneman – Western psicológico que vendría ser todo un precursor de lo que años después se conocería como el spaghetti western. Un ya maduro Gary Cooper se lleva el Oscar por una de sus interpretaciones más brillantes.


“Johnny guitar” (1954) de Nicholas Ray – Una de las historias de amor más recordadas del rudo y viejo oeste. En donde en una cantinera y un vaquero rememoran tiempos pasados. Toda una sorpresa y un gran derroche de talento en una cinta de bajo presupuesto que en su día rompió todo los moldes.


“Centauros del desierto" (1956) de John Ford – Considerados por muchos como el mejor western de la historia. Es todo una muestra del cine de John Ford y de lo que supone el icono de John Wayne para este género. Toda un superproducción cuidada hasta el más mínimo detalle.


“El hombre que disparó a Liberty Valance” (1962) de John Ford – De nuevo el binomio Ford y Wayne, pero esta vez secundados por unos estupendos James Stewart y Lee Marvin. Los críticos la consideran como la cinta más completa de John Ford y eso ya dice mucho de lo que nos vamos a encontrar en esta asombrosa historia de camaradería.


“Trilogía del dólar” (1964-1966) de Sergio Leone – Sería injusto obviar cualquiera de las tres películas con la que el western vuelve a renacer. Un western más fresco bebedor de las fuentes del cine de serie b y con el que Leone se convierte de la noche a la mañana en no solo en fundador del spaghetti western sino en todo un icono de un género que parecía comenzar su declive.


“El dorado” (1966) de Howard Hawks– Probablemente una de las últimas grandes superproducciones centradas en el género del oeste del Hollywood clásico. El polifacético Howard Hawks se reafirma en el género de nuevo junto a John Wayne y con un Robert Mitchum dando el contrapunto para crear un ambiente no solo de tensión sino incluso con algún cariz cómico.


“Hasta que llegó su hora” (1968) de Sergio Leone – El talento de Leone seguía desbordando a raudales. Ahora cobra protagonismo un veterano Henry Fonda como el malo al que todos recordamos por su gélida mirada de ojos azules. En una cinta que sigue la estética de sus predecesoras.



“Grupo salvaje” (1969) de Sam Peckinpah – Bestial. Quizá sea la palabra que mejor defina a la cinta. Peckinpah retrata con dureza el duro mundo de oeste y los forajidos al margen de la ley y juega con la fina línea que muchas veces separa el bien del mal.


“Bailando con lobos” (1990) – Tras años de sequía en mundo del oeste vuelve a Hollywood con fuerza. Una larga superproducción obra de un Kevin Costner en lo más alto de su carrera. Centrada en dignificar a los nativos americanos y ambientada en la época de la guerra de secesión norteamericana.


“Sin perdón” (1992) – Western crepuscular y auténtica obra maestra de Clint Eastwood en el género, tanto detrás como delante de la cámara. Todo un clásico rodado en los años noventa y que es considerado por méritos propios como una de las cintas imperdibles de este género.


He aquí un exigua muestra de lo que a mi parecer son las cintas que por un motivo u otro debería formar parte de este ranking especial que nadie debería perder para conocer el género. Grandes obras quedan fuera, no por no merecerlo, sino por no alargar el post. A buen seguro en el futuro seguiremos profundizando el un género que fascina a más de uno.